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Informa la hija del autor en una nota previa que cuando
tenía ocho años y estaba en cama enferma, su padre inventó
estos cuentos para entretenerla. En "O pomar de Amorín" se rebelan
todos los animales contra el dueño, que no deja que la niña del
casero, Reiciñeira, entre en él por miedo a que le coma la fruta.
Sin ellos, los frutos non maduraban. Cuando se descubrió que era la
oropéndola la ladrona, levantó la prohibición y los
animales lo celebraron con una fiesta. "Conto de arrolar": les cuenta el
padre a sus hijos que un día trajo una comadreja para casa, a la que
luego siguieron otras que se convirtieron en diferentes animales, incluso en un
león cuando un policía americano vino a investigar por qué
le había aparecido tanto ganado en casa. En "Rosiña,
miña gamela" un niño sueña que sale al mar de pesca,
gobernando la barca con la colaboración del tío Andrés,
viejo marino que llegó a hacer una hoguera encima de una ballena que
parecía estar muerta. "Tulitates" es un potro descendiente del
caballo Boligán que escapó del curro para ver mundo. Inquieto e
ingenuo, se mete en problemas en ese mundo de cosas desconocidas en donde los
niños son amigos, también en su final, cuando su piel sirve para
hacer un caballito más de carrusel. "Reiciñeira e sete":
Reiciñeira es una niña enferma y con fiebre que los
médicos no son capaces de atajar, por lo que sus siete muñecos
salen a la búsqueda de una solución. "Compadre Paco" es el
cuervo de un párroco que un día le bebe su vino en
compañía de una urraca y luego arrepentido emigra con jaula y
todo para Suiza. "Contiño de Nadal" presenta un Nacimiento en el que
todos los animales colaboran: se vuelven buenos y solidarios animados por una
niña pastora. "O Palleiriño" es un perro al que un coche le
rompió una pierna y, despreciado por su amo, con ayuda de los animales
amigos, va al cielo de los perros. |