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Agustín Fernández Paz: A praia da esperanza
Ilustraciones de Teresa Novoa

Col. Merlín, 140. Edicións Xerais
Vigo, 2003

A praia da esperanza

El último día de las vacaciones de agosto Raquel encontró una enorme caracola entre las rocas de la playa. La trajo para su casa en la ciudad. Esa misma noche, un golpe seco la despertó: la caracola estaba en la alfombra y por su abertura asomaba una diminuta sirena. Es Sunia, de la estirpe de las Sirenas Minúsculas. Le había pedido ayuda a la caracola para poder entablar amistad con Raquel, a quien había estado observando en sus juegos: quiere pasar con ella los meses de invierno, tan aburridos en la playa solitaria. A cambio, le contará un cuento maravilloso cada noche.
Pasaron los días con sus noches de amistad entre las dos. Pero una noche de noviembre la sirena, intranquila, no fue capaz de contarle ningún cuento: salía un olor muy desagradable de la caracola y en ella no se oía el mar sino un ruido extraño. Pronto empezó a verter alquitrán como el de las carreteras. Los padres le ayudaron a llenar muchas tinas de chapapote. Entonce les presentó a Sunia, una sirena de las de verdad. Pese a que en algunos informativos de televisión contaban de un barco hundido que no entrañaba ningún riesgo pues el fuel se solidificaría, llamaron al encargado del camping, Xavier, que les informó de que el chapapote cubría su playa. Allá fueron: entre el olor pestilente, la playa negra, las aves muertas, la desolación de la catástrofe ecológica, los barcos combatían en el mar y voluntarios con monos blancos y gafas plásticas limpiaban la arena. Se unieron a ellos. Y Sunia, desesperada por saber de los suyos, se arrojó al mar. Al amenecer siguiente apareció en el arenal su cuerpecillo sin vida: la enterraron en el jardín del camping.
En enero, se organizó una cadena humana de escolares para defender simbólicamente la costa atacada por la marea negra. Raquel, llevada por su madre, formó parte de los jóvenes que formaron en la playa con su cuerpo la palabra VIDA. De la caracola todavía sale un sonido triste. Algún día se escuchará en ella el rumor alegre del mar recuperado. Entonces quizás Raquel podrá conocer a las compañeras de Sunia y escuchar de nuevo las historias maravillosas que solamente conocen las Sirenas Minúsculas, esos seres mágicos que viven ocultos en algunas grutas de nuestra ribera".
La edición incluye además siete anexos informativos sobre la catástrofe del Prestige

104 p. - 19x14 cm.                                                          ISBN    84-9782-068-1



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