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A
Pablo, que vive en la ciudad, le gusta mucho el mar, por lo que las vacaciones
en la playa son para él el mejor regalo del verano. Además, el
último día encuentra una hermosa concha de tritón. En
casa, al acostarse, pone la caracola en la oreja y descobre que es
mágica: escucha el sonido de las olas, voces de marineros o
comunicaciones entre delfines. Una noche, oyó a un náufrago
pidiendo ayuda; gracias a su aviso fue rescatado con vida. Otra noche que
hablaba el capitán pirata Barbamesta en su galeón rumbo a la isla
de los tesoros, la voz de la reina de las sirenas le contó que la
caracola tenía el poder mágico de trasladarlo de lugar. Si
soplaba por el lado estrecho, podría entrar por el hueco grande de la
concha. Así lo hizo y apareció en la isla de los tesoros. Huyendo
de los piratas, se refugió en una cueva y escondió en un cofre,
en donde lo descubrieron. Se libró de ser arrojado a los tiburones
asombrando a los corsarios al beber media botella de ron, que antes él
había rellenado de auga. Esta "hazaña" le valió ser
admitido en la tripulación del más terrible pirata de los siete
mares. Incluso evitó la muerte al prisionero capitán Flint con el
mismo truco. Entrando de nuevo en la caracola regresó a casa. Al
despertar, había un sable corsario en la habitación... Ahora,
cuando siente nostalgia de la aventura, pone la concha en la oreja para
oír la voz del terrible Barbamesta. |