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El
mariscal Pardo de Cela es un personaje envuelto en una leyenda
romántica, que transmite una imagen mítica poco rigorosa con la
realidad histórica. El fracaso de la Revolución Irmandiña,
la esperanza popular de modernización de la sociedad feudal, se
debió en parte a la oposición de los señores y obispos
gallegos, no dispuestos a perder sus privileios. Pardo de Cela tampoco
dudó en hacerles frente a los sublevados. En él se puede
simbolizar la decadencia de la nobleza gallega. Nacido cerca de Betanzos,
heredó una de las posesiones familiares más importantes del
país. Casando con la hija del conde de Lemos, sobrina del obispo de
Mondoñedo y prima de la futura reina de Castilla, se situó en la
cima de la nobleza gallega. En reconocimiento a su ayuda en la batalla de
Olmedo, recibió el título de mariscal del rey Enrique IV. A la
muerte de este, se desencadenó la guerra de sucesión entre su
única hija, bastarda, Juana la Beltraneja, y la hermana del rey, Isabel,
que se autoproclamó reina de Castilla. El poderoso obispo compostelano
Alonso de Fonseca y media nobleza gallega (también los Pardo de Cela...)
estaban de parte de doña Isabel; del lado de la Beltraneja, Pedro
Madruga, Conde de Caminha, y el rey de Portugal, Afonso V, su esposo, que
deseaba conformar un poderoso reino atlántico. Derrotada la Beltraneja,
Isabel comenzó a imponer su autoridad en los reinos peninsulares. Para
controlar el poder de la nobreza, envió a Fernando de Acuña como
Gobernador y Justicia Mayor del Reino de Galicia y ejecutor de la "doma e
castración do Reino de Galicia". Empiezan entonces nuestros
"séculos escuros". Recelando posibles represalias, Pardo de Cela,
que podía acumular un enorme poder como heredero del conde de Lemos,
consiguió el amparo de la reina, que garantizó por escrito su
vida y seguridad. Pese a ello, fue cercado en la Frouseira y, refugiado luego
en el castillo de Castro de Ouro, por la tración de unos criados fue
hecho prisionero y el 17 de noviembre de 1483 llevado al cadalso en la plaza
pública de Mondoñedo. Según la leyenda, su mujer
traía el indulto real pero tres frailes de su enemigo el obispo de
Mondoñedo la entretuvieron para que no llegase a tiempo de impedir su
decapitación. Con él acabó una larga época feudal y
empezó la senda del estado unitario de los Reyes Católicos,
cuando Galicia se convirtió en una simple provincia de la corona
castellana con categoría teórica de reino. El afán
divulgativo de esta biografía escolar se completa con ilustraciones en
color que alternan, cada par de páginas, con el texto. |