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Marisa Núñez: Ovos duros
Ilustraciones de Teresa Lima

Col. Q. OQO Editora. Pontevedra, 2007

Ovos duros

Era una vez un carbonero pobre que tenía dos hijas: la mayor se avergonzaba de su pobreza y de su padre porque andaba sucio; a la pequeña no le importaba su condición y era muy aguda resolviendo enigmas. Un día, el rey, caprichoso y amante de los enigmas, les propuso a los súbditos uno sobre un árbol de doce ramas. La pequeña le dijo al padre a solución: el año. Cuando se la dijo al rey, este se arrancó un pelo y le ordenó que la joven le tajera al día siguiente una carroza de seda hecha con él. Ella le envió por el padre una hebra de la escoba para que encontrara un carpintero que hiciera con ella un telar con el que tejer la camisa. Entonces el rey, admirado de su sabiduría, mandó que fuera a palacio ni vestida ni desnuda, ni con regalos ni con las manos vacías, ni a caballo ni a pie, por lo que ella acudió envuelta en una red, con una paloma en la mano, a lomos de la liebre. Cuando le ofreció la paloma, que echó a volar, él decidió que casarían pasados doces meses.
Pasado el tiempo, emisarios reales llevaron una caravana cargada de regarlos, apropiándose de algunos en el viaje. Cuando llegaron a la casa, ella les dijo que el padre había ido a echar agua en el agua y la madre a ver lo nunca visto. Después de almorzar pollo -del que ella se reservó el corazón-, despidió a los emisarios con el encargo de que informasen al rey de que le faltaban estrellas, agua al mar y plumas a la paloma. Cuando él se enteiró interpretó las palabras de la joven: el padre había ido a desviar el agua del río para mover el molino; la madre, asistir a una mujer en el parto; en el almuerzo, la cabeza de pollo había sido para el padre por ser el cabeza de familia; para la madre, el lomo porque lleva el peso de la casa; para la hermana, las alas pues un día marchará y para ellos, las patas porque habían llegado andando. Las palabras de la despedida significaban que ellos les habían arrancado esmalte a las joyas, habían cogido perfumes y se habían quedado con paños de oro y seda: desplumaran a su paloma... Poco después, se casaron. Entonces, el rey la amenazó con echarla de palacio si alguna vez la palabra de ella quedaba por encima de la suya.
Un día un forastero se quejaba de que un año antes había cenado seis huevos duros y acababa de pagar mil reales por cada uno, pues el posadero había alegado ante el rey que sería lo que ganaría si una gallina los hubiese chocado. Aconsejado por ella, se presentó de nuevo ante el rey denunciando que le habían cortado las plantas que habían dado unas habas cocidas. Como el rey razonó que si estaban cocidas no podían brotar plantas, él contestó que el caso de los huevos era igual. Le levantó el monarca la condena pero dedujo que había sido la reina la ingeniosa consejera, por lo que la echó de palacio concediéndole que llevase consigo lo que más amara. Le echó un somnífero en la cena y lo llevó con ella eres en un baúl: era lo que más quería. Entonces, el rey enmendó su error y volvieron a palacio. Desde ese día, fue más humilde y no dudó en aconsejarse con su esposa.
Adaptación a partir de un cuento tradicional magrebí presentada en una edición en cartoné e ilustraciones reproducidas en color.

60 p. - 20x15 cm.                                                       ISBN    978-84-96788-16-9



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TRADUCCIONES

castelan Huevos duros
Il. Teresa Lima - Trad. María Luisa Núñez Álvarez
Col. Q. OQO Editora. Pontevedra, 2007
60 p. - 20x15 cm / ISBN: 978-84-96788-17-6
catalán Ous durs
Il. Teresa Lima - Trad. Ariadna Martín Sirarols
Col. Q. OQO Editora. Pontevedra, 2007
60 p. - 20x15 cm / ISBN: 978-84-96788-18-3
catalán Ovos cozidos
Il. Teresa Lima - Trad. Dora Isabel Batalim
Col. Q. OQO Editora. Pontevedra, 2007
60 p. - 20x15 cm / ISBN: 978-84-96788-19-0

RECENSIONES

  .  fadamorgana



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