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Varios: Meniños
Ilustraciones de Manolo Uhía

Xunta de Galicia. Diario Oficial de Galicia. Santiago, 1991

Menjños

En esta edición institucional se recogen cuentos originales de ocho reconocidos autores gallegos de literatura infantil-juvenil:
Sabela Álvarez Núñez abre el libro con "Cinsenta non quixo ser princesa". Presenta a una joven cenicienta que soñaba con ser pintora de sueños y tener un circo. Le ayudó la Fada Madriña dándole un zapatito de cristal, con el que podría ir al baile y convertirse en princesa o mantener su ilusión de poeta poniéndolo en la ventana al alba, que le traería una adivinanza. La solución de la adivinanza la condujo a la Bruxa dos Soños, que le dio unas hierbas con las que cumplió su deseo de ser una niña rosada de nombre Alba. Tuvo que encontrar luego dos Cenicientas que quisiesen dejar de serlo: una, que prefirió llamarse Xoana, tener piel blancorrosada y ser Acróbata de Viaxes Fantásticas; la otra quería tener la piel translúcida, llamarse Mariña y ser Pallasa Inventora e Cumpridora de Desexos. Con un libro de la bruja, aprendieron a ser lo que querían. Ahora andan por el mundo con su Circo da Fantasía, con el que pueden pintar tu sueño y llevarte al viaje más fantástico que puedas imaginar.
Xosé Cermeño en O pai de Tomás é un tobogán cuenta la historia de la tarde en la que fueron a jugar al xardín de la casa de Tomás y acabaron saltando por encima del padre del amigo, que también publicó en el libro Estes días refresca polas tardes.
Henrique, un niño inquieto como un ratoncillo protagoniza Henrique e Cerumeiro, de Xabier P. Docampo. El niño volvió al bosque, en donde ya se había perdido otra vez siendo rescatado por los vecinos, porque sentía que en él había algo misterioso. Allí conoció a un individuo pequeño, amarillo, que dijo ser el duende Cerumeiro. Se hicieron amigos y a cambio de mantener el secreto de su existencia, el duende haría que se cumpliese el deseo de Henrique de ver el mar. De regreso en casa el niño soñó con el mar y anduvo por la playa.... Cuando despertó, al vestirse, le cayó arena del zapato.
David Otero cuenta en Os ollos da lúa que esta disfrutaba mirando con un ojo cómo jugaban los niños de día y con el otro cómo soñaban de noche. Hasta que el Rey prohibió que los niños siguiesen haciéndolo. Por eso ella, encargada de vigilar que se cumpliese la orden, se aburría mucho e se fue quedando ciega. El Mundo, a oscuras, era muy aburrido. El Rey tuvo miedo de tanta oscuridad y sacó un bando autorizando a los niños a jugar y soñar. Entonces la gente empezó a salir de sus casas, alegre, y los niños a jugar. ¡Incluso la corona empezó a saltar de felicidad en la cabeza real!
Úrsula Heinze relata en Viaxe estraña cómo el fin de semana que Cati iba a pasar en casa de una amiga cogió un nuevo rumbo cuando el autobús la dejó en Finterra, habitada por un único y misterioso vecino. Luego, el autobús la llevó a Vilacova, en donde la amiga le dijo que era imposible que pasase por Finterra. Además, el hombre que supuestamente había visto tenía una estatua de homenaje: había muerto a comienzos del XVIII. ¡Pero Cati tenía en su mano un libro con una biografía suya, que él le había regalado!
Tareixa e a cama máxica de Agustín Fernández Paz tiene como protagonista a una joven que, castigada, tiene que cenar en la cama de la abuela, pero no le importa pues es mágica: puede volar. Leyó un poco de "Peter Pan e Wendy" y, aunque quería salir de excursión volando, el sueño la venció. Despertó en el mar con sol y, sintiendo hambre, aterrizó en una isla, en donde siete guerreros negros como los de la película de Tarzán del sábado la cogieron, la llevaron al poblado, atándola a un tótem. Cuando se disponían a meterla en una gran olla con agua hirviendo, irrumpieron dos leones. Entonces huyó para la cama y aunque uno de ellos se aferró a la colcha con las garras, Tareixa consiguió huír y se durmió de nuevo. La despertó su madre: tenía que ir al colegio. ¡Estaba en su casa! Pero la colcha estaba llena de desgarraduras...
En Antón e a paxariña de papel presenta Antonio García Teijeiro a Antón, un niño al que no le gusta mirar la televisión, pero sí ir a la aldea junto a sus abuelos. Hizo una pajari&nta con papel de periódico, que se marchó volando. Compuso luego la palabra PAZ, posó las letras en la palma de la mano y sopló: también marcharon volando como mariposas.
Alberto Avendaño cuenta alguno de los prodigios de Kenia, que desde el primer día fue una niña especial. A los cuatro meses, cuando le fue a comprar un chupete, rompió a hablar protestándole a la farmacéutica por el precio. Luego, consiguió mover los objetos, hizo una excursión de cinco mil kilómetros... Pero esto ya es otra historia.

72 p. - 20x24 cm.                                                          ISBN    84-453-0204-3



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