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En esta edición institucional se recogen
cuentos originales de ocho reconocidos autores gallegos de literatura
infantil-juvenil: Sabela Álvarez Núñez abre el libro
con "Cinsenta non quixo ser princesa". Presenta a una joven cenicienta que
soñaba con ser pintora de sueños y tener un circo. Le
ayudó la Fada Madriña dándole un zapatito de cristal, con
el que podría ir al baile y convertirse en princesa o mantener su
ilusión de poeta poniéndolo en la ventana al alba, que le
traería una adivinanza. La solución de la adivinanza la condujo a
la Bruxa dos Soños, que le dio unas hierbas con las que cumplió
su deseo de ser una niña rosada de nombre Alba. Tuvo que encontrar luego
dos Cenicientas que quisiesen dejar de serlo: una, que prefirió llamarse
Xoana, tener piel blancorrosada y ser Acróbata de Viaxes
Fantásticas; la otra quería tener la piel translúcida,
llamarse Mariña y ser Pallasa Inventora e Cumpridora de Desexos. Con un
libro de la bruja, aprendieron a ser lo que querían. Ahora andan por el
mundo con su Circo da Fantasía, con el que pueden pintar tu sueño
y llevarte al viaje más fantástico que puedas imaginar.
Xosé Cermeño en O pai de Tomás é un
tobogán cuenta la historia de la tarde en la que fueron a jugar al
xardín de la casa de Tomás y acabaron saltando por encima del
padre del amigo, que también publicó en el libro
Estes días refresca polas
tardes. Henrique, un niño inquieto como un ratoncillo
protagoniza Henrique e Cerumeiro, de Xabier P. Docampo. El niño
volvió al bosque, en donde ya se había perdido otra vez siendo
rescatado por los vecinos, porque sentía que en él había
algo misterioso. Allí conoció a un individuo pequeño,
amarillo, que dijo ser el duende Cerumeiro. Se hicieron amigos y a cambio de
mantener el secreto de su existencia, el duende haría que se cumpliese
el deseo de Henrique de ver el mar. De regreso en casa el niño
soñó con el mar y anduvo por la playa.... Cuando despertó,
al vestirse, le cayó arena del zapato. David Otero cuenta en Os
ollos da lúa que esta disfrutaba mirando con un ojo cómo
jugaban los niños de día y con el otro cómo soñaban
de noche. Hasta que el Rey prohibió que los niños siguiesen
haciéndolo. Por eso ella, encargada de vigilar que se cumpliese la
orden, se aburría mucho e se fue quedando ciega. El Mundo, a oscuras,
era muy aburrido. El Rey tuvo miedo de tanta oscuridad y sacó un bando
autorizando a los niños a jugar y soñar. Entonces la gente
empezó a salir de sus casas, alegre, y los niños a jugar.
¡Incluso la corona empezó a saltar de felicidad en la cabeza
real! Úrsula Heinze relata en Viaxe estraña
cómo el fin de semana que Cati iba a pasar en casa de una amiga
cogió un nuevo rumbo cuando el autobús la dejó en
Finterra, habitada por un único y misterioso vecino. Luego, el
autobús la llevó a Vilacova, en donde la amiga le dijo que era
imposible que pasase por Finterra. Además, el hombre que supuestamente
había visto tenía una estatua de homenaje: había muerto a
comienzos del XVIII. ¡Pero Cati tenía en su mano un libro con una
biografía suya, que él le había regalado! Tareixa
e a cama máxica de Agustín Fernández Paz tiene como
protagonista a una joven que, castigada, tiene que cenar en la cama de la
abuela, pero no le importa pues es mágica: puede volar. Leyó un
poco de "Peter Pan e Wendy" y, aunque quería salir de excursión
volando, el sueño la venció. Despertó en el mar con sol y,
sintiendo hambre, aterrizó en una isla, en donde siete guerreros negros
como los de la película de Tarzán del sábado la cogieron,
la llevaron al poblado, atándola a un tótem. Cuando se
disponían a meterla en una gran olla con agua hirviendo, irrumpieron dos
leones. Entonces huyó para la cama y aunque uno de ellos se
aferró a la colcha con las garras, Tareixa consiguió huír
y se durmió de nuevo. La despertó su madre: tenía que ir
al colegio. ¡Estaba en su casa! Pero la colcha estaba llena de
desgarraduras... En Antón e a paxariña de papel
presenta Antonio García Teijeiro a Antón, un niño al que
no le gusta mirar la televisión, pero sí ir a la aldea junto a
sus abuelos. Hizo una pajari&nta con papel de periódico, que se
marchó volando. Compuso luego la palabra PAZ, posó las letras en
la palma de la mano y sopló: también marcharon volando como
mariposas. Alberto Avendaño cuenta alguno de los prodigios de
Kenia, que desde el primer día fue una niña especial. A
los cuatro meses, cuando le fue a comprar un chupete, rompió a hablar
protestándole a la farmacéutica por el precio. Luego,
consiguió mover los objetos, hizo una excursión de cinco mil
kilómetros... Pero esto ya es otra historia. |