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Una maestra de un colegio importante les contó un
día a sus compañeros que venía de dar clases en un barco.
Como no la creyeron, y ella sabe que no lo soñó, escribe la
historia para que los niños la conozcan. Sabemos entonces de Miguel,
que hizo un barco cuando supo que el maestro había amenazado a los
niños con tirarlos al mar con los libros al cuello si no sabían
la tabla del siete. Y le puso tripulación: un poeta, un dibujante, un
amigo de las estrellas y una cocinera anciana y cariñosa, Lola. No
faltaban, claro, el capitán, y la meestra. En el barco los
niños aprenden cosas que no vienen en los libros: la historia de los
jóvenes náufragos a los que el patrón rico no quiso
ayudar, la de Mariquiña, que se hizo amiga de un lobo a quien ahora
todos los vecinos quieren y conocen como Garimoso, la de la isla de los
pájaros que escaparon de la persecución de los hombres de la
aldea, que pretendían proteger las cosechas, la historia de amor
imposible entre una luciérnaga y el Lucero, que sale antes y marcha
después para que lo vea su amada, y la de Lola, que les hizo una
árbol de Navidad con argazos caminando sobre el mar y luego quedó
dormida para siempre. |