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Cibrán Ulloa: O lume dos soños
Ilustraciones de José Tomás

Col. Meiga Moira, 1. Baía Edicións. A Coruña, 2004
I Premio de Literatura Infantil e Xuvenil Meiga Moira - 2004

O lume dos soņos

Catuxa tiene 11 años y 11 meses. Vive con su abuelo Cucufate en Roibén de Arriba en el más hermoso de los países, Comentelo, en donde las casas nacen de otras casas de un día para otro. Cuando era pequeña sus padres emigraron al desierto de Gobi, entre Mongolia y China, como albañiles de arena titulados con la misión de hacer una muralla de arena ya que la de piedra le lastimaba en los cascos al caballo del emperador.
Es jurado en el certamen anual de fumadores de pipa, resultando ganador el búho Caetano: expulsa el humo por las orejas formando la Fraga de Umbría, de donde hubo de huír porque el fuego, que se está extendiendo por todo el país, la arrasó. Esa noche Catuxa sueña con un fantasma de fuego que avanza para darle un abrazo mortal. Micaela, la adivina, guardiana de sueños y pintora de paisajes alternativos, interpreta el sueño: el fuego está dentro de Catuxa. Debe entrar en uno de sus cuadros de paisajes para llegar a la casa de su sueño e impedir que el fuego devaste el país.
Emprende entonces su aventura: a través de un cuadro-puerta llega a una gran ciudad. Ella es invisible para todos los que perdieron la capacidad de soñar. Unos titiriteros le dicen que tiene que conseguir el espejo del dragón raptor de una princesa. Lo obtiene soñando y a través de él irrumpe en el cuarto de Catarina, que parece su hermana gemela. Tiene los padres lejos, trabajando, y está al cuidado de una institutriz en una escuela de arrabal que la obliga a ver las tonterías de la televisión y a jugar en el ordenador muchas horas, para que sea sumisa y no sueñe. Enontces entra también por el espejo el Escornabois, el galeón aerostático de Indalecio, el padrino de Catuxa, llevado por Caetano, que es un búho de arrastrar, pues puede soportar mucho peso en vuelo. Viene también el abuelo Cucufate y el grumete Virxilio, un chico huérfano de unos doce años. Como el fuego había llegado hasta la aldea, todos huyeron. Ellos, aconsejados por Micaela, atravesaron su mural de una gran ciudad. Deciden recuperar a los padres de Catarina, que, prometiéndoles que pronto se iba a reunir la joven con ellos, habían llevado engañados a América para hacer juegos de ordenador y guiones de teleseries.
Irrumpe, con la ropa rota, Lucas, huído del Paraíso Infantil, en donde quedaron centenares de niños condenados a ver la televisión, lejos de sus padres, que llevaron engañados. Consiguen rescatarlos y destrozan la nave industrial en la que están recluídos: allí ya no se le volverán a robar nunca más los sueños a ningún niño o niña.
Atravesando el Atlántico en el barco volador, Leonardo, el camaleón de Borneo que le había traído el padrino de regalo, avisa a Catuxa telepáticamente de que viene una tormenta. Gracias al esfuerzo de Caetano, que le cuesta la vida, consiguen remontarla. Llegan al Polo Norte, en donde con tanto frío el carbón no da calentado los globos que hacen volar el barco, por lo que se ven obligados a aterrizar. Un cuervo enviado por Micaela les dice que deben buscar una fortaleza, pues en ella están encerrados los padres. Los dos ancianos siguen a pie para intentar encontrarla. Mas luego aparecen un centenar de esquimales, que aceptan guiar hasta ella a Catuxa, Virxilio (a quien le gusta Catuxa, a la que regala unos gusanos de seda que tejen pañuelos de colores) y los chicos. Tras siete días de viaje llegan a una ciudad fantasma de mármol blanco, a la que los esquimales no entran por miedo a los espectros. Una vez dentro de la fortaleza, una marioneta-arlequín los incitas a comer e inclusso a pelear entre si por más comida, hasta que surge la figura siniestra del Señor Bretemoso con un discurso: los chicos tienen que dejar de soñar, siguiendo el tratamiento, y deben renunciar a sus padres, que trabajan para él en su industria de juegos con máquinas. Pero un grito del camaleón Leonardo se hace eco en los niños convertido en un tornado que hace desaparecer la fortaleza y el Señor Bretemoso.
Doscientos niños y niñas fueron despertados aquella mañana por sus padres de una pesadilla. También Catarina, que intentó ver a su hermana Catuxa en el espejo y solamente se vio a sí misma. Quizás porque era ella misma en sueños; y Comentelo y Roibén también eran un sueño. Leonardo aprovechó la cama caliente de la niña un poco más; luego, desapareció tras el cristal del espejo.

214 p. - 20x12 cm.                                                               ISBN    84-96128-75-X



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  .  Consello da Cultura Galega na rede - Isabel Soto
  .  La Voz de Galicia - Rodri García



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