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En el siglo XVII, el pirata inglés
Schiller abordó un barco italiano que llevaba valiosos grabados para un
califa. Encargado el aventurero florentino Boticheli de recuperarlos, va a
Túnez, en donde tenía su refugio el corsario. Allí por
un anciano sabe de una caracola que por la noche permite escuchar las
conversaciones que oye de día. Se lahabía robado Schiller.
Consigue recuperarla y gracias a ella localiza al comerciante que le
había comprado los grabados al pirata. Se hace con ellos y huye en una
caravana por el desierto consiguiendo eludir un asalto de los imohags. En
Marsella, un posadero intenta entretenerlo para robarle, pero enterado por la
caracola, huye. En Génova logra salir de la ciudad simulando una
procesión. Lo prenden luego, pero es liberado por unos sirvientes de la
familia Doria disfrazados de soldados y llega por fin, pasados meses del
comienzo de la aventura, a Florencia, entregando los grabados a su
dueño, un rico comerciante. En el epílogo se nos informa de
que Boticheli tiró la caracola al mar para evitar que cayese en malas
manos. Algún día puede que vuelva a aparecer en las redes de
cualquier embarcación de nuestras rías. |