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Cuenta el narrador que su gato, Bógar,
descubrió jugando con los libros al año ratón protagonista
de "Guillermo, un ratón de biblioteca" y lo persiguió por el
libro. En él conoció a unha gatita triste, a la que le
enseñó el país de más allá de los libros: el
estudio de la ilustradora Asun Balzola, en donde tiraron tarros de pintura sin
querer. Ahora, mientras Bógar descansa, durmiendo tranquilamente junto
al escritor, éste se pone a escribir dos cuentos: "Conto do
cabaleiro valente": nadie se atrevía a pelear con él por su
inaudito valor, pues no conocía el miedo. Ni el gigante Fendealmas, con
un ojo en la frente y otro en la nuca, ni un terrible dragón ni la
visión de un montón de hombres atravesados por armas le
asustaron, pero sí un espejo en el que vio su espalda, al comprender que
tenía un punto débil que nunca podría vigilar. Así
aprendió lo que era el miedo y sin renunciar a la aventura
procuró gozar de la amistad y del amor. Y el "Conto do neno que non
quería ser namoreiro", en el que los padres de Lolo, ya ancianos, le
dijeron que debía salir al mundo para aprender más cosas. Para
saber si la gente con la que se encontrase era de fiar le aconsejaron que se
fijase en cómo compartían la comida. Así supo librarse de
una serpiente, falsa por pedirle muy poca comida, pero un caballo lo
llevó ante su amo, el gigante Salcatrús, que comía
niños. Gracias a una joven con la que había compartido su comida,
que resultó ser la criada del gigante, lo mató mediante un
preparado de hierbas. Muerto el gigante, los niños pudieron salir a
jugar y ellos dos se instalaron en su casona, se casaron y fueron
felices. |