 |
Xiana era una fermosísima y muy joven flor de un
jardín: una margarita de pétalos azules salferidos de
pequeñas pencas de color naranja como un capricho de la naturaleza. Las
otras margaritas le tenían envidia. Estaba intrigada por el "globo que
da luz" y por lo que podría haber más allá del muro. Le
preguntó a una mariposa, mas ella estaba contenta entre tantas flores y
nunca había querido salir del jardín. La golondrina Trilos le
contó que más allá el mundo era muy grande, con muchas
flores, ríos, montañas y el mar inmenso. Y le explicó que
morir es como el aire que lleva dentro el globo de un niño: cuando
explota sigue existiendo mas no se ve. Con el invierno, Trilos marchó
y muchas plantas se marchitaron con la helada. Ella sobrevivió. La
trasladaron para un balcón y un macetero, escondida del viento y de la
lluvia. Allí, un viejo xeranio le explicó que no debía
tener miedo de la abeja, pues sólo busca su néctar y polen para
fabricar la miel, mas sí del escarabajo, del que los libra la lluvia
artificial que la dueña de la casa les echó por encima. Y
comprendió que la vida es un montón de sucesos encadenados. Supo
luego que el manto blanco de nieve si llega en invierno no es malo, pero en
primavera mata las flores, según le explicó el g xeranio. En
primavera llegaron nuevas flores y la golondrina Trilos, que le explicó
el nacimiento de la vida cuando otra construía un nido en el tejado sus
futuras crías. Y luego vio al pimpín hacer su variado nido, del
que el cuco que se aprovechó metiendo su cría en él... Y
un día que le iban a cambiar la tierra del tiesto, aprovechó para
pedirle a la golondrina que la llevase con ella. La llevó volando muy
alto, hasta las nubes. Se sintió una flor del viento. La posó
luego en un valle, en un hueco, y con el pico llenó sus raíces de
tierra. La golondrina se marchó de nuevo para África, pero cuando
regresó encontró otra margarita igual a su amiga: ella
había dejado en el jardín su proyecto de una nueva
flor. |