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Un elefante de peluche que solamente tiene una oreja, porque no
llegó la tela para hacerle otra, se dispone a contar su historia,
marcada por este defecto pues no lo pusieron en venta, ocultándolo en el
almacén. Le ayudan a contarla sus amigos: Un pez de goma, Pipo, que
consigue que se bañe con alegría una niña, Dulce, a quien
le murió su madre de cáncer cuando ella sólo tenía
un año, y ahora vive sola con su padre, Luís Suárez.
La pequeña flor de metal que Dulce lleva en la solapa del abrigo, que
vio cuando en las vacaciones de Semana Santa Dulce y su padre encontraron en el
parque una perra abandonada a la que le dieron de comer. La niña le puso
nombre: Bambán. Dulce fue a pasar las vacaciones junto a sus abuelos a
Muxía. La abuela le escribió una carta para Claudia, la madre
muerta. El reloj de muñeca de Luís le recuerda que al
día siguiente Dulce cumple cinco años y tiene que regalarle un
elefante. La Lámpara del Almacén cuenta que es amiga del
elefantito triste, y también la dependienta Marina. El Zapato
Derecho de Luís testifica que éste iba a comprar el elefante pero
otro niño se encaprichó con él y se lo cedió; en su
lugar, llevó un delfín. Y que conoció a Marina, tan buena
y atractiva, que vive sola. El genio de la lámpara de Aladino le
concede tres deseos al elefantito, que le pide: vivir en la casa de un
niño o niña que lo quiera, que le conceda a Marina lo que ella
desea (un hombre para ser feliz, por cierto) y un tercero que no tiene por
qué decir en ese momento. El Zapato Izquierdo sabe que cuando el
padre le llevó el delfín, Dulce lloró porque quería
un elefante. El coche rosa llevó a Luís a la tienda de A
Coruña, en donde el avaro dueño, el señor Olveira,
querría venderle el elefante sin una oreja, pero ya se lo llevó
Marina. Luís come solo y triste. Una nube blanca y algodonosa de
día soleado ve a Bambán robándole a Marina el elefantito,
luego de su actuación de pallaso en la fiesta de cumpleaños de un
niño de cuatro años. Se lo lleva al señor Olveira,
robándole a éste la tarjeta con el teléfono de
Luís, que le entrega a Marina, a quien guía hasta la casa de su
patrón para que recupere su elefante. El anillo de boda de
Luís dice que Dulce no se enfadó por no tener el elefante, pues
se lo pidió a su madre y sabe que ella se lo conseguirá.
Cuenta el delfín que Dulce disfrutó con él el domingo,
pero cuando regresó a A Coruña se llevó una
desilusión pues no estaba allí su elefante, quien de pronto llama
al interfono. La nariz de payaso viene con Marina, vestida de payaso y con
el regalo del elefante de una sola oreja para Dulce. Luego, actúa para
ella. El pendiente de la oreja izquierda de Marina cuenta que yendo
ésta al día seguinte para el trabajo pensando en Luís y su
hija atropella a Bambán. Cuenta el elefante que llevan a
Bambán a la clínica de Luís, en donde es operada con
éxito. Allí Dulce se acuerda del deseo pendiente que le
había prometido el genio y pide hablar con la voz de su padre, diciendo
que le gustaría cenar esa noche con Marina. Cenaron luego muchas
más veces, ya sin Dulce ni Bambán, que a todo esto
desapareció misteriosamente ese mismo día de la clínica:
como si hubiese aparecido en sus vidas para solucionarles los problemas...
Dulce pronto tendrá una nueva madre y todos serán felices, pues a
Claudia no le parecerá mal la felicidad de ellos. Como es también
feliz el elefantito, aun faltándole una oreja. |