 |
El doctor Rus cuenta de su trabajo en la consulta
a la que acuden todo tipo de animales. Es el suyo un tratamiento
individualizado. Tiene tanta variedad de remedios como de pacientes: pone a
dormir al conejito huérfano junto a él, a la cuca falta de
cariño la lleva junto a un palomo, del que se enamora... Algunos casos
son complicados: el burro con hambre quiere que le recete comida, un cerdo que
vive en un piso de la ciudad no puede gruñir por orden del gobernador,
el camello borracho le cogió gusto a vivir en lo alto de una palmera.
Por eso a veces hasta es mejor que vayan a un psicólogo, como el
ciempés que pide una pata postiza, el topo con gafas o el ciervo al que
le puso de cuerno un injerto de naranjo y sólo quieren las ciervas
cuando tiene naranjas. En general, su eficacia es manifiesta: le abre la
barriga a un lobo indigestado por comer una vaca y cuatro carneros y la cose
con lazo rosa de raso, un chicle le vale para la avestruza que tragó un
reloj de cuco,... Aunque no siempre recibe buena paga: le cura el hipo al
gato asustándolo disfrazado de ratón y marcha sin pagarle; una
ballena lo engulle y el pulpo le lanza un chorro de tinta. Y después de
haber estado toda la noche en vela atendiendo el parto de la gallina, suena el
despertador y su madre insiste en que se levante para ir a la escuela. Se arma
de paciencia. Tiene difícil solución esta manía de su
madre. |