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Cuenta un lobezno que cuando unos cazadores
mataron a su padre, que era el jefe de la manada en los montes de Acival,
decidió salir a la aventura a la búsqueda de un bonito regalo
para conquistar el corazón de la hermosa Loba Nova, que se había
reído de su inocencia por asustarse al ver la pelea de los otros lobos
pugnando por ser el sucesor. Consigue robarle un tarro de miel a los
humanos. Mas como es primavera y le había caído el pelo, un zorro
le aconseja guardar la miel para llevársela a Loba Nova cuando le vuelva
a nacer. Siguiendo sus instrucciones, se pone a hacer el agujero para
enterrarla; solo, pues el zorro dice que no puede ayudarle por estar enfermo.
Al acabarlo y regresar a la superficie, ya no queda miel. El zorro le echa la
culpa ao lobo. Éste niega ser el glotón: "se fun eu que a barriga
me empece a suar ata facer unha poza de auga no chan". Se quedan dormidos los
dos. Cuando el lobo se despierta, tiene la barriga bañada en sudor y a
su lado un charco, por lo que huye avergonzado. Llega otro mes de abril y
encuentra otra vez al zorro, que le propone sembrar una finca de patatas a
medias. Aunque dice que sigue mal de la columna y tiene que sembrarlas el
lobezno, que también ha de recoger luego los escarabajos y comerlos.
Como quiere regresar pronto para demostrar que no es un lobo tonto, acepta la
mitad de la cosecha: para él lo que crece por encima de la tierra y para
el zorro lo de abajo. Y sale perdiendo, claro. Después le propone el
zorro plantar maíz, quedándose &este con lo crezca por encima
de la tierra. Intenta aprender del labrador Isidro, mas el zorro se interpone:
salvará sus bueyes del lobo a cambio de una docena de gallinas; y se
ríe de la ingenuidad del lobezno, a quien ya le comió la miel, le
orinó en la barriga y consiguió que lo llevase a su lomo. Isidro
mata al lobo cuando este espera en el carro: del susto, en realidad, pues no
llega a tocarle con un hacha. Entonces el zorro reclama su paga. El labrador le
trae en un saco no las gallinas, sino perros que se arrojan en su
persecución. Como casi lo enreda en las zarzas, le dice a su rabo "mal
raio te parta". Y, efectivamente, un rayo se lo parte. Desde entonces vaga
desorientado hasta que un gavilán le invita a una boda en el cielo y
deja que se caiga: se clava en la aguja de un pajar y se queda con un aspecto
demasiado terrible. Concluye el lobezno que ahora que sabe que no se admiten
zorros en el Otro Mundo está máis tranquilo. Y aunque no se
explica cómo fue a parar el rabo a sus manos, lo guardará "por
toda a eternidade para agasallar á miña loba, porque... !sigo
namorado!". |