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Fina Casalderrey: Desventuras dun lobo namorado
Ilustraciones de Manuel Uhía

Col. Árbore, 119. Serie Verde
Ed. Galaxia. Vigo, 2002

Desventuras dun lobo namorado

Cuenta un lobezno que cuando unos cazadores mataron a su padre, que era el jefe de la manada en los montes de Acival, decidió salir a la aventura a la búsqueda de un bonito regalo para conquistar el corazón de la hermosa Loba Nova, que se había reído de su inocencia por asustarse al ver la pelea de los otros lobos pugnando por ser el sucesor.
Consigue robarle un tarro de miel a los humanos. Mas como es primavera y le había caído el pelo, un zorro le aconseja guardar la miel para llevársela a Loba Nova cuando le vuelva a nacer. Siguiendo sus instrucciones, se pone a hacer el agujero para enterrarla; solo, pues el zorro dice que no puede ayudarle por estar enfermo. Al acabarlo y regresar a la superficie, ya no queda miel. El zorro le echa la culpa ao lobo. Éste niega ser el glotón: "se fun eu que a barriga me empece a suar ata facer unha poza de auga no chan". Se quedan dormidos los dos. Cuando el lobo se despierta, tiene la barriga bañada en sudor y a su lado un charco, por lo que huye avergonzado.
Llega otro mes de abril y encuentra otra vez al zorro, que le propone sembrar una finca de patatas a medias. Aunque dice que sigue mal de la columna y tiene que sembrarlas el lobezno, que también ha de recoger luego los escarabajos y comerlos. Como quiere regresar pronto para demostrar que no es un lobo tonto, acepta la mitad de la cosecha: para él lo que crece por encima de la tierra y para el zorro lo de abajo. Y sale perdiendo, claro. Después le propone el zorro plantar maíz, quedándose &este con lo crezca por encima de la tierra. Intenta aprender del labrador Isidro, mas el zorro se interpone: salvará sus bueyes del lobo a cambio de una docena de gallinas; y se ríe de la ingenuidad del lobezno, a quien ya le comió la miel, le orinó en la barriga y consiguió que lo llevase a su lomo. Isidro mata al lobo cuando este espera en el carro: del susto, en realidad, pues no llega a tocarle con un hacha. Entonces el zorro reclama su paga. El labrador le trae en un saco no las gallinas, sino perros que se arrojan en su persecución. Como casi lo enreda en las zarzas, le dice a su rabo "mal raio te parta". Y, efectivamente, un rayo se lo parte.
Desde entonces vaga desorientado hasta que un gavilán le invita a una boda en el cielo y deja que se caiga: se clava en la aguja de un pajar y se queda con un aspecto demasiado terrible. Concluye el lobezno que ahora que sabe que no se admiten zorros en el Otro Mundo está máis tranquilo. Y aunque no se explica cómo fue a parar el rabo a sus manos, lo guardará "por toda a eternidade para agasallar á miña loba, porque... !sigo namorado!".

42 p. - 19x14 cm.                                                               ISBN    84-8288-571-5



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