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Itziar
Ezquieta: O cuarto prohibido |
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Érase una vez un
leñador muy pobre que tenía tres hijas. Un día que estaba
cortando con el hacha un viejo tejo, el hacha le saltó de las manos
colándese por la hendidura abierta del tronco. Por ella se asomó
entonces un gigante furioso, anunciándole que sólo la
podría recuperar la hija mayor. Entró en el árbol la joven
y llegó a la casa del gigante, quien le prometió todo cuanto
tenía y una moneda de ouro para su padre si hacía cuanto
él le mandase. Le ordenó que comiese, mas como sólo
había una orella cruda y peluda ella la escondió en lugar de
comérsela. La oreja se lo contó al gigante y este le cortó
la cabeza con el hacha a la hija del leñador. Otro tanto sucedió
con la segunda. Bajó a continuación la menor, que la
escondió bajo el vestido, desde donde la oreja le habló al
gigante diciendo que estaba muy a gusto en la barriguita de la joven, por lo
que aquel, dispuesto a convertirla en su mujer, le entregó las llaves de
la casa, con la advertencia de que no entrase en la habitación del fondo
del pasillo. Pero ella fue a la habitación prohibida, en la que estaban
los cuerpos de sus hermanas, a las cosió la cabeza al cuerpo
pegándosela luego con una untura, con la que también tapó
la hendidura del árbol una vez que salieron con el hacha y collares del
cofre del gigante. |
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