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Érase una vez un leñador muy pobre que tenía tres
hijas. Un día que estaba cortando con el hacha un viejo tejo, el hacha le
saltó de las manos colándese por la hendidura abierta del tronco. Por ella
se asomó entonces un gigante furioso, anunciándole que sólo la
podría recuperar la hija mayor. Entró en el árbol la joven y
llegó a la casa del gigante, quien le prometió todo cuanto tenía y
una moneda de ouro para su padre si hacía cuanto él le mandase. Le
ordenó que comiese, mas como sólo había una orella cruda y peluda
ella la escondió en lugar de comérsela. La oreja se lo contó al
gigante y este le cortó la cabeza con el hacha a la hija del leñador. Otro
tanto sucedió con la segunda. Bajó a continuación la menor, que la
escondió bajo el vestido, desde donde la oreja le habló al gigante diciendo
que estaba muy a gusto en la barriguita de la joven, por lo que aquel, dispuesto a
convertirla en su mujer, le entregó las llaves de la casa, con la advertencia de
que no entrase en la habitación del fondo del pasillo. Pero ella fue a la
habitación prohibida, en la que estaban los cuerpos de sus hermanas, a las
cosió la cabeza al cuerpo pegándosela luego con una untura, con la que
también tapó la hendidura del árbol una vez que salieron con el
hacha y collares del cofre del gigante. Desde entonces el tronco del tejo nunca
más se volvió a abrir y las tres hermanas se marcharon felices, dejando al
gigante encerrado para siempre. La creatividad de las ilustraciones, con elementos de
collage y expresividad no figurativa, crea un clima intrigante en perfecta armonía
con el texto.
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