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Nueva entrega de esta colección editada
por la Xunta de Galicia en conmemoración del Día Internacional
del Libro Infantil y Juvenil, con la colaboración de la
Asociación Gallega del Libro Infantil y Juvenil (Gálix). Recoge
cuatro relatos: A historia de Carpatín, o monstro comexiz, de
Xavier Frías Conde presenta a un monstruo que carecía de caninos
y no sabía gritar ni espantar a los humanos: era un desastre, por lo
cual los otros monstruos de la aldea se reían de él. Cansado de
las mofas y de esconderse, decidió venirse para el mundo de los
humanos. Así, un buen día apareció en una escuela y se
quedó a vivir en el cuarto de la limpieza alimentándose de tizas,
que le gustaron mucho. Hasta que el director notó que faltaban muchas
tizas y controló su uso, por lo que empezó a pasar hambre.
Buscando alimento, lo descubrió en el aula María, una chica de 9
años, a la que le dijo que tenía esa forma rara porque era de
más allá de Rusia. Pudo quedar en la clase como 'extranjero'. E
incluso fue con la chica al coro en el que esta cantaba, aprendió el
estribillo de la canción y, después de devorar unos tizas,
empezó a cantar con voz tan fuerte y tan mal que espantó a todos.
¡Si hasta aparecieron grietas en las calles y las campanas del templo
tocaron solas por la vibración! Entonces regresó al mundo de los
monstruos, en donde, después de meter una tiza en la boca, cantó
asustando a todos, que huyeron con el miedo. Y regresó satisfecho junto
a María: ahora ya no sólo asustaba a los humanos, sino que
también podía asustar a los monstruos. En el relato de Eva
Mejuto O cágado e o Lagarto, Sara no puede dormir ni contando
ovejas porque ulula mucho el viento. Entonces, la amiga Rita le cuenta el
cuento de la tortuga grande y la lagartija que vivían en la selva de
Mozambique: la tortuga, con el dinero que había ahorrado se fue a
comprar un saco de maíz para el invierno, cuando no hay que comer. Como
pesaba, lo posó para beber. Una lagartija que pasó por
allí se lo llevó, alegando que estaba en el camino. Mientras
cuenta, Sara la interrumpe preguntándole por Mozambique y la "Casa de la
Alegria" en la que vivía Rita como otros niños sin familia hasta
que la trajo en adopción una pareja de la villa. Allí, una
cuidadora, Mae Rosa, le contaba este cuento en los días de tormenta para
que no tuviese miedo y se durmiese; antes de venirse, le regaló una
muñeca -que a Sara le parece fea, aunque no se lo dice-, Nanghaia, para
que charlase con ella. En la primavera, cuando el lagarto tomaba el sol, el
renacuajo le cortó el rabo, alegando que, como el saco de maíz,
él también lo había encontrado en el camino. El cuento
se lo había traído de Mozambique a Rita su padre adoptivo.
Escrito en unos papeles amarillentos, lo guarda como un tesoro bajo de la
almohada. Oli relata en O meu amigo Ash, en la voz narradora de un
chico, que Ash llegó un día al pueblo con su madre desde Senegal.
Está viviendo en casa de la abuela de Roberto, que acogió la
familia porque ella también fue emigrante en Suiza, aunque algunos
vecinos no lo puedan comprender. Conoce con sorpresa las costumbres del nuevo
país: los regalos de Reyes, el Carnaval... A sus ocho años de
edad, ya habla muy bien el gallego. De él también aprenden los
amigos palabras de su uolofe natal o la leyenda de la creación del
hombre blanco y el hombre negro. Además, va a tener un hermano, por eso
están buscándole dos nombres, uno gallego y otro
africano. Antonio Yáñez Casal cuenta que O rei de
Litonia una mañana se percató de que no tenía
ningún cuento propio, como todos todos los reyes conocidos... o incluso
ratones y piojos. Y se lo reclamó a sus súbditos. Pasaban los
meses y nadie conseguía fabricarle un cuento digno de su grandeza.
Marcharon al extranjero a la búsqueda de cuentos, mas no trajeron
ninguno que convecenciese al monarca. Hasta que una mujer dijo que en su
país había un ladrón de cosas que nadie espera que robe,
que le robó la fidelidad a la mujer del sultán. Este, en
venganza, ordenó que cada noche iba a estar con una mujer que
haría matar al salir el sol. Pero Sherezade lo entretuvo comenzando un
cuento del que no desvelaba el final hasta la noche siguiente, en la que
comenzaba otro ... Y así durante mil y una noches. Consiguió de
esta forma salvar la vida de todas las mujeres, pues el rey al final ya
había olvidado aquella idea de matarlas. Ese ladrón
también podría provocar el cuento para el rey... Pasados diez
días, una sombra cruzó el reino llevando la oscuridad a cada
rincón. El monarca se quedó dormido y al despertar ya no
recordaba nada de su obsesión por un cuento: el ladrón -la mujer
vestida de seda- le había robado el deseo de él. Y,
rápidamente, los súbditos se pusieron a redactar este
cuento. |