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Xavier Frías Conde, Eva Mejuto, Oli e Antonio Yáñez Casal:
Contos sen fronteiras
Ilustracións de Patricia Castelao

Col. Lagarto PintadoDirección Xeral de Creación e Difusión Cultural
Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 2007

Contos sen fronteiras

Nueva entrega de esta colección editada por la Xunta de Galicia en conmemoración del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, con la colaboración de la Asociación Gallega del Libro Infantil y Juvenil (Gálix). Recoge cuatro relatos:
A historia de Carpatín, o monstro comexiz, de Xavier Frías Conde presenta a un monstruo que carecía de caninos y no sabía gritar ni espantar a los humanos: era un desastre, por lo cual los otros monstruos de la aldea se reían de él. Cansado de las mofas y de esconderse, decidió venirse para el mundo de los humanos.
Así, un buen día apareció en una escuela y se quedó a vivir en el cuarto de la limpieza alimentándose de tizas, que le gustaron mucho. Hasta que el director notó que faltaban muchas tizas y controló su uso, por lo que empezó a pasar hambre. Buscando alimento, lo descubrió en el aula María, una chica de 9 años, a la que le dijo que tenía esa forma rara porque era de más allá de Rusia. Pudo quedar en la clase como 'extranjero'. E incluso fue con la chica al coro en el que esta cantaba, aprendió el estribillo de la canción y, después de devorar unos tizas, empezó a cantar con voz tan fuerte y tan mal que espantó a todos. ¡Si hasta aparecieron grietas en las calles y las campanas del templo tocaron solas por la vibración! Entonces regresó al mundo de los monstruos, en donde, después de meter una tiza en la boca, cantó asustando a todos, que huyeron con el miedo. Y regresó satisfecho junto a María: ahora ya no sólo asustaba a los humanos, sino que también podía asustar a los monstruos.
En el relato de Eva Mejuto O cágado e o Lagarto, Sara no puede dormir ni contando ovejas porque ulula mucho el viento. Entonces, la amiga Rita le cuenta el cuento de la tortuga grande y la lagartija que vivían en la selva de Mozambique: la tortuga, con el dinero que había ahorrado se fue a comprar un saco de maíz para el invierno, cuando no hay que comer. Como pesaba, lo posó para beber. Una lagartija que pasó por allí se lo llevó, alegando que estaba en el camino. Mientras cuenta, Sara la interrumpe preguntándole por Mozambique y la "Casa de la Alegria" en la que vivía Rita como otros niños sin familia hasta que la trajo en adopción una pareja de la villa. Allí, una cuidadora, Mae Rosa, le contaba este cuento en los días de tormenta para que no tuviese miedo y se durmiese; antes de venirse, le regaló una muñeca -que a Sara le parece fea, aunque no se lo dice-, Nanghaia, para que charlase con ella. En la primavera, cuando el lagarto tomaba el sol, el renacuajo le cortó el rabo, alegando que, como el saco de maíz, él también lo había encontrado en el camino.
El cuento se lo había traído de Mozambique a Rita su padre adoptivo. Escrito en unos papeles amarillentos, lo guarda como un tesoro bajo de la almohada.
Oli relata en O meu amigo Ash, en la voz narradora de un chico, que Ash llegó un día al pueblo con su madre desde Senegal. Está viviendo en casa de la abuela de Roberto, que acogió la familia porque ella también fue emigrante en Suiza, aunque algunos vecinos no lo puedan comprender. Conoce con sorpresa las costumbres del nuevo país: los regalos de Reyes, el Carnaval... A sus ocho años de edad, ya habla muy bien el gallego. De él también aprenden los amigos palabras de su uolofe natal o la leyenda de la creación del hombre blanco y el hombre negro. Además, va a tener un hermano, por eso están buscándole dos nombres, uno gallego y otro africano.
Antonio Yáñez Casal cuenta que O rei de Litonia una mañana se percató de que no tenía ningún cuento propio, como todos todos los reyes conocidos... o incluso ratones y piojos. Y se lo reclamó a sus súbditos. Pasaban los meses y nadie conseguía fabricarle un cuento digno de su grandeza. Marcharon al extranjero a la búsqueda de cuentos, mas no trajeron ninguno que convecenciese al monarca. Hasta que una mujer dijo que en su país había un ladrón de cosas que nadie espera que robe, que le robó la fidelidad a la mujer del sultán. Este, en venganza, ordenó que cada noche iba a estar con una mujer que haría matar al salir el sol. Pero Sherezade lo entretuvo comenzando un cuento del que no desvelaba el final hasta la noche siguiente, en la que comenzaba otro ... Y así durante mil y una noches. Consiguió de esta forma salvar la vida de todas las mujeres, pues el rey al final ya había olvidado aquella idea de matarlas. Ese ladrón también podría provocar el cuento para el rey... Pasados diez días, una sombra cruzó el reino llevando la oscuridad a cada rincón. El monarca se quedó dormido y al despertar ya no recordaba nada de su obsesión por un cuento: el ladrón -la mujer vestida de seda- le había robado el deseo de él. Y, rápidamente, los súbditos se pusieron a redactar este cuento.

86 p. - 11x19 cm.                                                               D.L.    966-2007



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