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En esta edición institucional con motivo
de la VIII Campaña de Fomento da Lectura se recogen cuentos originales
de cuatro reconocidos autores gallegos de literatura infantil-juvenil:
Antonio García Teijeiro abre el libro con "O monicreque de Alicia", una
niña discriminada por sus amigas por ser un poco coja de una pierna, a
quien un compañero de colegio le regala un nuevo amigo, la marioneta
Serafín. Con él conoce la felicidad en el fantástico Reino
das Camelias. Bernardino Graña en "Os monos contra os paxaros"
cuenta de cuando la nación de los monos, guiada por un jefe soberbio,
siguió los consejos del Espírito do Mal disfrazado de pavo real y
acabó en guerra contra los pájaros, que no le habían hecho
caso a éste y se habían preparado para el invierno haciendo nidos
abrigados. Marilar Aleixandre en "Neve na Amaía" narra que hace
muchísimos años vino la nieve y un frío muy grande a
Amaía, en donde la abuela de Berta, como tenía que ir al mercado,
le encargó a la nieta que no dejase apagar el fuego. Pero, mientras
atendía otras tareas, se le apagó. Un vecino, a cambio de tizones
para recuperarlo, le pidió unos tragos del agua que canta; acudió
a la fuente, que la dará si le trae tierra que sueña; a cambio de
ésta, la piedra del castro le pidió un soplo de viento que pinta;
éste se conformó con que le mandase un beso volando desde la
palma de la mano. Entonces, pudo llevarles a todos lo que querían y
recuperar el fuego. El grillo, que le había ayudado sin exigirle nada a
cambio, sólo pidió que lo admitiese en su casa, junto al fuego...
Este cuento figura en una edición posterior en el libro
O trasno de Alqueidón. "Flor da
Mañá", de Palmira G. Boullosa, relata la historia del
Príncipe Carballo, que salió del séptimo bosque a la
búsqueda de esposa y las siete hermosas hadas que cuidan en los siete
jardines le aconsejaron que buscase en el mar. Se enamoró de la
Raíña dos Mares, que aceptó casarse con él con la
condición de que si tenían una hija que al cumplir quince
años no se casaba con el príncipe que acertase siete adivinanzas
que la princesa le debía proponer, la joven se iría para el mar,
junto a su made. Ayudada por las hadas de las flores, la princesa le propuso
las adivinanzas al Príncipe Primavera, que las acertó y se
casaron. |