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Cuando era
pequeño, a Xan le contaba su madre cuentos, pero según fue
creciendo se fueron reduciendo y aquel 14 de abril le deseó buenas
noches diciéndole que tenía mucho que hacer y él ya era
mayor, por lo que podía contar ovejas. Xan comienza a contarlas y
aparecen en su cuarto, por lo que las descuenta, y se van; lo mismo ocurre con
las golosinas, que come hasta ponerse malo, las descuenta y desaparecen. Luego,
comienza a contar cuentos y entonces un hada le dice que se los contará
ella mientras mantenga los ojos cerrados. Y le cuenta siete cuentos: Uno: De
la luna llena, que los ratones pensaban que era un queso, a las ostras les
pareció la perla más grande y perfecta, a las gallinas, un huevo
gigante, y a las luciérnagas, una luciérnaga gigante. Los
lagartos pernoctaron mirándola, fascinados, y también el
niño se quedó prendado de ella. Cuando fue mermando hasta que ya
no se vio, todos se sintieron tristes. Pero el niño sabía que la
luna seguía allí, y esa noche soñó que era
astronauta. Dos: Un niño de cuatro años rompió el
hechizo del mar, a quien una bruja había condenado a desaparecer en
siete olas si alguien lo navegaba. Y eso hizo él con su barquito de
plástico. Pero cuando supo la historia, que le contó una
caracola, puso esta al lado del corazón y, como atraídas por un
imán, volvieron todas las aguas a formar un mar. Tres: Cuando el
señor Matías preparaba un caldo de verduras, un humo lo llevaba a
coger una gallina de la vecina, a quien el humo envolvía luego y
traía junto a él, que la invitaba a almorzar. La terceira vez, el
humo los envolvió a los dos, llevando consigo pensamientos y deseos, que
los acabaron juntando... en un beso. Cuatro: Jugando al escondite, la abeja
encontró a la hormiga, a la mariposa, a la araña... pero no al
insecto multicolor, que todos rechazaban como compañero de escondite por
ser fácil de encontrar. Hasta que aprendió a cambiar de color
según el lugar sobre el que se posara. Cinco: La hojita verde, que
nació en primavera y, a diferencia de las otras, que fueron cambiando de
color (amarillo, naranja para caer al suelo de color marrón), ella
siguió siendo verde en invierno. Con la nueva primavera brotaron otras
hojas que ansiaban cambiar de color y caer al suelo. Ese invierno, se
sintió cansada, la clorofila dejó de verdearla y, roja, se
dejó caer al suelo, para alfombrarlo como las otras. Seis: De un
niño al que ni la leche materna ni el biberón le calmaban el
hambre, ni crecía, pero sí los cuentos que la madre le contaba.
Por eso ella le contó todos los cuentos del mundo, hasta que ya no
quedaban más. Entonces, un duende le trajo otros dos, pero con palabras
mágicas que desaparecían, hasta que la madre pegó las del
último con sus lágrimas en el papel, y ya todos los demás
fueron suyos. El niño zampacuentos se hizo hombre y siguió
alimentándose de historias. Y escribió para todos los
niños y niñas del mundo muchos cuentos que el duende le contaba o
escribía. Siete: Aquel 14 de abril, cuando los padres limpiaron el
trastero, Xan encontró su oso-almohada. En la noche, el oso le
pidió que lo dejara estar con él siempre a cambio de hablar, pues
sólo él era capaz de comprender su rareza de oso hablante, y
cumplirle un deseo. Lo llevó volando a Egipto y también a
América. Y cuando la madre lo despertó, no estaba en
América, pero sí estaba en su almohada el oso, que le
habló. |