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Cuenta Tino en primera persona que hoy
está contento porque volvió a ser amigo de Toñito.
Toñito pasa las vacaciones de verano en la aldea marinera, en la casona
de su abuela, pues vive en la capital, en donde su padre tiene un comercio de
televisores. Con Tino y Xelo aprende a coger cangrejos y grillos o a pillar
jilgueros con red. Ellos dos son sus únicos amigos. Los otros
niños se ríen de él, e incluso una niña de doce
años le llamó mariquita por hablar en castellano e le
zurró. En su conocimiento de la naturaleza, llevaron un buen susto
cuando Xelo le metió sin querer un canutillo en un ojo, que le
curó puede que gracias al emplasto de una vieja echadora de cartas,
puede que gracias a las gotas del médico. La maestra les
había explicado un día que los gallegos tenemos nuestra propia
cultura y una lengua propia muy hermosa y les lee cuentos en gallego. Hoy
Toñito dijo que quería hablar como ellos, en gallego. Por eso
está contento Tino: va a ser "como nosotros". |