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Bajo la carpa del Rigatoni,
coincidió una pléyade de artistas que dejaban con la boca abierta
a los espectadores y dejan con la sonrisa franca a los lectores: El circo
Rigatoni había quedado sin nada, por lo que cuando el mago fue a
solicitar trabajo, como el dueño se había arruinado, sacó
de la chistera los artistas, el público e incluso su propio nombre. En
la función su número más celebrado era lo de serrar un
hombre en dos mitades, y convertirlo en dos hombres bajitos. El domador
conseguía maravillosas habilidades de los animales, incluso que fueran
educados y tuvieran buenas maneras. Lo peor fue un día que un
león le tragó la cabeza y como ya había tragado la de otro
domador, al rescatarlos las colocaron cada una en el cuerpo del otro por
equivocación. El malabarista hacía juegos malabares con la
familia, las cosas y cuanta gente conocía en una noria enorme que no
paró de crecer hasta los 30 años. Entonces, el padre le dijo que
tenía que sentar la cabeza, y los dejó bajar a todos. Luego,
entró a trabajar en el circo e hizo el juego malabar con todos los
artistas y el público. La contorsionista dejaba el esqueleto en el
armario de su camerino cuando actuaba. Una vez hizo un número tan liado
que sólo la pudo desenredar un marinero del público, con mucho
trabajo pues nunca había visto un nudo igual. El faquir tragasables
tragó un día la espada Excalibur, que sólo el rey Artur
sería capaz de extraerle, por lo que andaba por la calle con la espada
dentro y todo estirado, provocando así las risas de la gente. El
forzudo del circo perdió su descomunal fuerza cuando el que siempre
quedaba de segundo en el campeonato mundial de halterofilia para forzudos de
circo le cortó el bigote en la noche. Sólo la recuperó
cuando le volvió a crecer. Entonces cargó con el circo entero en
el traslado a otra villa. El hombre bala nació de un hombre bala y de
una mujer bala que se enamoraron al cruzarse en el aire actuando en circos
diferentes. Cuando trabajaron en el mismo, un día que los dispararon del
mismo cañón se dispararon dos y aterrizaron tres. Él no
tenía automóvil por lo que se desplazaba disparándose con
su cañón, pero un día, queriendo ir de vacaciones a
América, puso demasiada pólvora y apareció en la luna,
causando uno de los cráteres, en donde también estaba otro que
había tenido la suerte de no quedar en el insondable espacio exterior.
Para volver se dispararon con un cañón biplaza que construyeron.
El lanzador de cuchillos, de niño tiraba una piedra al suelo y
fallaba. Actuando, los lanzaba con los ojos vendados y de espaldas; luego,
echaba a correr para colocarse antes de que llegasen, y los cuchillos se
clavaban en los globos a su alrededor sin darle ninguno a él. La
funambulista, de niña caminaba haciendo equilibrios sobre una de las
líneas del enlosado de la calle o el rastro de una bicicleta en el
barro. Cuando llegó el circo, se presentó de voluntaria para
subir al alambre. Se hizo famosa por inventar el alambre vertical. El payaso
había probado a hacer de artista del circo (domador, lanzador de
cuchillos, etc.) pero como todo lo hacía mal el público se
reía de él, hasta que el dueño del circo le dijo que se
dedicase a ser payaso. Pero entonces el público no se rió. La
amazona era hija de una amazona. Había nacido sobre un caballo blanco,
cuando la madre estaba actuando, y ya no se bajó de él en toda su
vida. Era hija de un caballo blanco que había trabajado de modelo para
un pintor y después de caballo de ajedrez, hasta que se enamoró
de la dama de las blancas, con la que se vino a trabajar en el circo. La
mujer barbuda un día se despertó en medio de una colosal barba de
donde sólo la pudo liberar la policía después de
días de búsqueda, con navaja barbera, crema de afeitar y brocha.
En el circo, dejaba que la gente la afeitase y mirase visto como le
crecía durante horas hasta que le llegaba a los pies. La trapecista
nació en una actuación de la madre: el bebé hizo un giro
mortal y se agarró al trapecio. Hizo un viaje a la luna durante meses en
el trapecio, atando el trapecio a la luna, y aterrizando a su vuelta en el
circo Rigatoni, en donde se necesitaba trapecista. Los músicos
anunciaban la llegada del circo por las villas imitando con sus instrumentos
los sonidos de los animales (aunque el del bombo, como no lo tenía,
golpeaba con la maza su barriga, que sonaba diferente segundo estuviera
vacía o llena). En fin, que el Circo Rigatoni un día estaba y
al día siguiente ya no estaba, por lo que sus artistas tuvieron que
dedicarse luego a otras cosas curiosas y sorprendentes. |