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Pinto & Chinto: Circo Rigatoni
Ilustraciones de Pinto & Chinto

Col. Punto de encontro. Everest Galicia. A Coruña, 2008


Circo Rigatoni

Bajo la carpa del Rigatoni, coincidió una pléyade de artistas que dejaban con la boca abierta a los espectadores y dejan con la sonrisa franca a los lectores:
El circo Rigatoni había quedado sin nada, por lo que cuando el mago fue a solicitar trabajo, como el dueño se había arruinado, sacó de la chistera los artistas, el público e incluso su propio nombre. En la función su número más celebrado era lo de serrar un hombre en dos mitades, y convertirlo en dos hombres bajitos.
El domador conseguía maravillosas habilidades de los animales, incluso que fueran educados y tuvieran buenas maneras. Lo peor fue un día que un león le tragó la cabeza y como ya había tragado la de otro domador, al rescatarlos las colocaron cada una en el cuerpo del otro por equivocación.
El malabarista hacía juegos malabares con la familia, las cosas y cuanta gente conocía en una noria enorme que no paró de crecer hasta los 30 años. Entonces, el padre le dijo que tenía que sentar la cabeza, y los dejó bajar a todos. Luego, entró a trabajar en el circo e hizo el juego malabar con todos los artistas y el público.
La contorsionista dejaba el esqueleto en el armario de su camerino cuando actuaba. Una vez hizo un número tan liado que sólo la pudo desenredar un marinero del público, con mucho trabajo pues nunca había visto un nudo igual.
El faquir tragasables tragó un día la espada Excalibur, que sólo el rey Artur sería capaz de extraerle, por lo que andaba por la calle con la espada dentro y todo estirado, provocando así las risas de la gente.
El forzudo del circo perdió su descomunal fuerza cuando el que siempre quedaba de segundo en el campeonato mundial de halterofilia para forzudos de circo le cortó el bigote en la noche. Sólo la recuperó cuando le volvió a crecer. Entonces cargó con el circo entero en el traslado a otra villa.
El hombre bala nació de un hombre bala y de una mujer bala que se enamoraron al cruzarse en el aire actuando en circos diferentes. Cuando trabajaron en el mismo, un día que los dispararon del mismo cañón se dispararon dos y aterrizaron tres. Él no tenía automóvil por lo que se desplazaba disparándose con su cañón, pero un día, queriendo ir de vacaciones a América, puso demasiada pólvora y apareció en la luna, causando uno de los cráteres, en donde también estaba otro que había tenido la suerte de no quedar en el insondable espacio exterior. Para volver se dispararon con un cañón biplaza que construyeron.
El lanzador de cuchillos, de niño tiraba una piedra al suelo y fallaba. Actuando, los lanzaba con los ojos vendados y de espaldas; luego, echaba a correr para colocarse antes de que llegasen, y los cuchillos se clavaban en los globos a su alrededor sin darle ninguno a él.
La funambulista, de niña caminaba haciendo equilibrios sobre una de las líneas del enlosado de la calle o el rastro de una bicicleta en el barro. Cuando llegó el circo, se presentó de voluntaria para subir al alambre. Se hizo famosa por inventar el alambre vertical.
El payaso había probado a hacer de artista del circo (domador, lanzador de cuchillos, etc.) pero como todo lo hacía mal el público se reía de él, hasta que el dueño del circo le dijo que se dedicase a ser payaso. Pero entonces el público no se rió.
La amazona era hija de una amazona. Había nacido sobre un caballo blanco, cuando la madre estaba actuando, y ya no se bajó de él en toda su vida. Era hija de un caballo blanco que había trabajado de modelo para un pintor y después de caballo de ajedrez, hasta que se enamoró de la dama de las blancas, con la que se vino a trabajar en el circo.
La mujer barbuda un día se despertó en medio de una colosal barba de donde sólo la pudo liberar la policía después de días de búsqueda, con navaja barbera, crema de afeitar y brocha. En el circo, dejaba que la gente la afeitase y mirase visto como le crecía durante horas hasta que le llegaba a los pies.
La trapecista nació en una actuación de la madre: el bebé hizo un giro mortal y se agarró al trapecio. Hizo un viaje a la luna durante meses en el trapecio, atando el trapecio a la luna, y aterrizando a su vuelta en el circo Rigatoni, en donde se necesitaba trapecista.
Los músicos anunciaban la llegada del circo por las villas imitando con sus instrumentos los sonidos de los animales (aunque el del bombo, como no lo tenía, golpeaba con la maza su barriga, que sonaba diferente segundo estuviera vacía o llena).
En fin, que el Circo Rigatoni un día estaba y al día siguiente ya no estaba, por lo que sus artistas tuvieron que dedicarse luego a otras cosas curiosas y sorprendentes.

70 p. - 13x21 cm.                                             ISBN    978-84-403-1055-2



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