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Euloxio R. Ruibal: Brinquemos ó teatro
Ilustraciones de Carme Soilán

Xunta de Galicia. Consellería de Educación e Ordenación Universitaria
Dirección Xeral de Política Lingüística.Santiago, 1990

Brinquemos ao teatro

Reúne 25 piezas breves para todos los gustos y edades, que nacen para ser representadas desde una concepción de teatro lúdico enraizado en nuestras tradiciones.
Hay textos para las diferentes edades, con gran variedad temática y formal, buscando la práctica posible del juego dramático. Así, las obritas dirigidas a los más pequeños son simplemente gestuales: las piezas de un puzzle que componen el nombre y una obra de un artista; unos personajes que imitan elementos de la naturaleza; un niño hace que una simple vara sea una batuta, una escopeta o un cordón... El baile y la música no pueden faltar: los pequeños componen figuras con alegres colores, hacen de olas y de barco que no puede navegar o de arco iris con eco que repite su canción. Hasta componer una miniópera con una rana y un grillo cantores.
Los animales tienen un importante protagonismo, desde el loro de vida aventurera que se cree un hombre y por tanto superior a los otros animales, hasta el zorro que le robó las palabra a los hombres y se las entregó a los animales, que así alcanzan su libertad definitiva y son dueñs de su destino con la razón y la sabiduría que les da la Palabra. Aunque a veces sus vicios son humanos, como los del cuclillo, la burra y el zorro que quieren el huevo enorme del gallo porquen piensan que es de oro.
Hay historias de amor, como la de Lindaflor, hija de marqueses que solamente se cura cuando le traen a su príncipe azul o de maldad, como el fuelle avarto que pretendía robarles el aires a los seres vivos.
Y hay juegos con la propia literatura: las letras se juntan para formar el libro de Pinocho; Gulliver, Alicia y el Principito recorren el mundo; Arlequino y Pierrot pugnan por el amor de Colombina. Y metateatro: el Chapeu, el Bigote o los Anteollos necesitan un personaje para sentirse vivos; las máscaras non tienen amo; los actores que hacen de máquina que fabrica armas se niegan a seguir asumiendo su rol: hacen caramelos, que regalan al público.
Como en el viaje en tren desde el desierto al Polo Norte, todo es posible. La magia de don Bilitroque, que se hace desaparecer a sí mismo, también puede justificar que aparezca una vendedora de deseos que los cambia por suspiros, que una sombra cobre vida propia o que una dentadura postiza se ría cuando está sin amo. O que la estatua discuta con el escultor, con un guardia y luego baje del pedestal y se ponga a bailar. A jugar.

                                                                                     ISBN    84-453-0108-X



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