 |
La araña Fiaña observa asombrada cómo salen
de una caja en el cuarto oscuro del ayuntamiento un Bastón y un sombrero
de Bombín. Guiados por el ratón Bombón, salen a la
calle. Comienzan entonces sus peligrosas aventuras por la ciudad. Primero
en el comercio de un curioso anticuario, que consigue venderlos a un conde. En
el castillo saben por un Plumero y una Escoba que están en el mes
mágico de todos los años bisiestos, cuando los seres inanimados
cobran vida, que pueden conservar haciendo una buena acción. Cansados de
permanecer colgados en la pared en exposición y pasear a hurtadillas por
la noche, escapan escondidos en el fantasmal abrigo de un bisabuelo del
conde. Dormidos junto a un río, los descubre un pescador y los lleva
como regalo para su nieto, que los vuelve locos jugando a golpes con ellos. Usa
a Bastón, incluso, como caña de pescar. Huyendo de sus malos
tratos, acaban en un circo. Explotados por el soberbio domador, que utiliza a
Bastón contra los tigres y leones, huyen nuevamente. Bastón busca
trabajo en la ciudad pero no le van mejor las cosas: se encuentra con una
pandilla de bastones pegadores y luego intenta dirigir el tráfico
imitando a un guardia municipal. Hasta que encuentra a Pancho, un niño
que había librado a los otros dos de la basura y les consigue un trabajo
digno con dos músicos / payasos de calle. Además, en la chabola
hay chocolate para Bombón. Y como hicieron una buena acción
ayudando a dos que los necesitaban, nunca más regresaron al mundo de los
seres inanimados. Por cierto, Fiaña, llevada por el viento del norte,
también se instaló en la chabola con ellos. |