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En un reino en algún lugar de las grandes
estepas vivían un zar y una zarina con tres hijos: Igor, Borís y
Alexis. Para decidir su heredero, el Zar les propuso, consecutivamente, tres
tareas: traerle la alfombra más hermosa, la hogaza de trigo más
sabrosa y casarse con la mujer más hermosa. En cada una de ellas
resultó vencedor Igor, el primogénito, gracias a la
colaboración de los sapos de un pozo del jardín del palacio, ante
la hija de un rico comerciante y a la hermana de un boyardo, que colaboraron
con cada uno de sus hermanos. Casado Igor con la hermosa Basilisa, la
princesa sapo, su felicidad solamente se veía turbada cuando de
día ella recobraba la apariencia de anfibio. Hasta que una noche le
quemó la piel de sapo, pero entonces la princesa se convirtió en
cisne y tuvo que marcharse, no sin antes decirle que la podía encontrar
más allá del país de Tres veces nueve en el imperio de
Tres veces diez en casa de un esqueleto. Con tres pares de zapatos y tres
bastones de acero salió él a su búsqueda. En el camino, un
anciano le explicó que Basilisa era víctima de un hechizo del
padre, condenada a vivir tres años como sapo, indicándole el
camino para encontrarla, siguiendo una pelota. Se tropezó luego con un
oso, un pato, una liebre y una maragota, pero no los comió pese a estar
hambriento... Por la abuela de Basilisa, la bruja Baba Iaga, supo que la vida
del padre pendía de una aguja que estaba en un huevo, que estaba en un
pato, que estaba en una liebre, que estaba en un arca, que estaba en un roble
vigilado por el padre. Y con ayuda de los animales a los que él antes
había ayudado consiguió a Basilisa, a quien besó y con
quien fue feliz desde entonces y para siempre. Reelaboración basada
en diferentes versiones a partir del cuento popular ruso, también
recogido por los hermanos Grimm. |