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Como David y Marcos no
quieren ir a domir, pues prefieren ver la película de la tele, el abuelo
Gundar les cuenta una historia. Pero no será la única noche, pues
ante el interés de los chicos, tiene que continuar varios días
hasta acabarla. Le ocurrió a el, cuando iba con tres amigos y un
perro: Dando un paseo hasta el monte Lobeira, encontraron la cueva de Pedro
Chosco, tan sorprendente como sus habitantes: animales habladores, enanos... y,
sobre todo, la cierva Alba, que les encargó cuatro cosas que necesitaba
para desencantar a un grupo de ancianos del Consejo del Sabio Ogam, cristianos
transformados en moros por un encantamiento. Una vez que le ayudaron a
conseguirlo, les regaló a su hija, la cierva Branquiña, que tiene
el poder de adivinar lo que ocurrió o va a ocurrir, según la
comida que le dan. Pero poco duró con ellos, pues enterado el alcalde
pretendía ponerla a disposición de los vecinos, cobrando, por
suposto. Tuvieron que devolverla al monte y nunca más de ella supieron,
ni de Pedro Chosco. Por aquellos días del cuento, los dos chicos
descubrieron un misterioso personaje por la calle, que resultó ser
Gundemaz, caballero de la Tabla Redonda encantado por Merlín y Morgana,
que ellos lograron deshechizar con los mismos recursos que la cierva del
cuento. Desapareció luego, nombrándolos antes Caballeros de
Camelot. Ancianos ya los dos chicos, también ellos les contaron esta
historia a sus nietos. |