|
Refiere la voz narradora de un duende la verdad
verdadera de Álvaro, un niño de doce años, muy delgado y
despistado, que padeció la existencia de otro individuo igual a
él en todo, como su gemelo o su imagen en el espejo. Todo
comenzó el día que fue de excursión con sus
compañeros de curso a las Covas do Rei Cintolo. Por ser tan despistado,
se perdió en el interior e intentando encontrar la salida se cayó
por un agujero hasta el lugar en donde estaban jugando los duendes. Como se
lastimó, veía doble y no era capaz de sostenerse en pie;
además, empezó a crecerle un chichón en la cabeza muy
simpático que le hizo tanta gracia al narrador que se puso a reír
cerrando los ojos. Y cuando los abrió pudo ver lo que nunca antes
había visto en sus trescientos años de vida: el cuerpo de
Álvaro generó otro igual a él en todo (¡si incluso
le faltaba el mismo diente!). Luego, el doble huyó raudo hasta la
salida, se unió a los compañeros y regresó a casa, en
donde, alegando que tenía una pesadilla, consiguió pasar para la
cama de los padres. Mientras, después de intentarlo durante horas,
Álvaro localizó la salida. Pero como el usurpador había
ocupado su lugar, ni el director del colegio ni sus padres aceptaron la
posibilidad de que él fuese el auténtico. Solamente
Carmiña, la hermana de 14 años, recelaba del nuevo Álvaro,
por su modo de reír, burlón ("¡Huhuruhuhú, / que che
comín a ficha..." decía cuando le ganaba al parchís) y
porque le tiraba de los pelos, mordiéndola y dándole patadas,
además de dormir con los padres. Álvaro fue al encuentro de su
doble al colegio, mas éste evitaba encontrarse con él,
refugiándose en el aula. Allí, la hermana se mostró
interesada en ayudarle, facilitándole la llave del trastero para
dormir. Un día que los padres no estaban en casa se enfrentaron los
dos al intruso, que se transformó en carnero burlón: era el
Diaño Bulreiro. En cuanto regresaron los padres, echaron a
Álvaro, pues su copia les lloró e incluso castigaron a
Carmiña por defender al hermano auténtico. Entonces se
presentó el duende narrador, que lo había seguido desde su salida
de la cueva. Le explicó que su suplantador era un primo lejano suyo y
que su problema lo podía solucionar el sabio doutor Amancio Amigo. En su
taller (muy curioso: con animales metálicos transgénicos ..), el
sabio aclaró lo que había sucedido: cuando Álvaro
dudó entre las dos puertas de la cueva para salir -pues una parte de su
substancia anímica quería ir por una y otra, por la otra-, el
Diaño Bulreiro aprovechó para quedarse con una parte del chico.
La recuperaría viendo al usurpador antes de que él le viese, para
que no pudiese huír, a fin de echarse encima de él y abrazarlo
fuerte. Y le dio unas gafas de doblaesquinas, esas que permiten ver lo que hay
detrás de las esquinas. Al día siguiente, fue a esperarlo al
colegio, en donde Carmiña le contó que el otro Álvaro
había vuelto a durmir en la cama de los padres e incluso se había
comido todos los cereales y la leche de su desayuno. En cuanto apareció,
Álvaro lo sorprendió abrazándose a él. Las dos
figuras se fundieron, entonces, en una sola y un ser diminuto de pocos
centímetros, vestido con pantalón y chaqueta verdes, con gorro
rojo, salió disparado huyendo. Así fue como Álvaro
volvió a casa sin que sus padres notasen el cambio. Ahora el duende
vive con él, acompañándolo a todas partes menos a sus
clases, que le aburren. Pero no cuenta el nuevo uso que le dieron a las gafas
doblaesquinas... |