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Siguiendo la definición de Busoni de la música como
aire sonoro, el autor presenta este conjunto de treinta y un poemas en los que
la música constituye el centro temático y los elementos
fónicos (rima, paralelismo, aliteraciones...) el recurso técnico
esencial. La musicalidad está ya en la propia naturaleza: el viento
es "música libre / en movemento"; las olas del mar son asimismo "notas
graciosas / que queren cantar". Los instrumentos de la orquesta interpretan su
melodía: el violín, la viola, el violonchelo, el piano, el arpa,
la guitarra; la trompeta, el trombón, el saxo, la flauta, el oboe, la
tuba, la gaita o el timbal. Todos ellos participan (en algunos casos, como el
piano, en varias partituras-poema) en esta sinfonía en la que los olores
y colores combinan sinestesicamente con el ritmo de este aire con sonido a modo
de canto coral. Toda la orquesta al unísono, despistada, sin
director, culmina esta sinfonía de homenaje a Beethoven, ese sordo
genial. |