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Se cuenta la historia del monumento a don
Cazapalabras, el inventor del diccionario. Tuvo un día que acudir al
universo de Semprefalarás porque la envidiosa doña Cismeira
había puesto patas arriba el mundo de las palabras e las lenguas que
allí habitan se habían transformado en tristes y
desorientadas. Afortunadamente, el eficaz trabajo del homenajeado
consiguió que regresase la armonía al reino de las
palabras
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